miércoles, 16 de enero de 2013

MODOS DE CRIANZA ACTUALES IMPIDEN UN BUEN DESARROLLO DEL CEREBRO DE LOS NIÑOS




La profesora de psicología de la Universidad de Notre Dame Darcia Narváez, que se especializa en el desarrollo moral de los niños, ha planteado como las experiencias tempranas de la vida, pueden influir en el desarrollo del cerebro;  dice “Los resultados de vida para los jóvenes estadounidenses están empeorando, sobre todo en comparación a 50 años atrás.”
Las practicas sociales y creencias culturales de la vida moderna, impiden un desarrollo emocional saludable del cerebro de los niños, fue el planteamiento reciente de un cuerpo interdisciplinario de investigación presentados en un simposio en la Universidad de Notre Dame. La profesora Narváez continúa: “Desacertadas prácticas y creencias se han convertido en algo común en nuestra cultura, tales como el uso de la leche de fórmula infantil, el aislamiento de los niños en sus habitaciones o en la creencia que una respuesta apresurada de sus llantos pueden volverlos consentidos”. Por el contrario, otras prácticas de crianza común en las sociedades cazadoras-recolectoras, dan como resultado adultos emocionalmente más sanos, algo que ha llevado a muchos expertos a replantearse algunas de las normas aplicadas a la educación de los hijos más extendidas en la actualidad. 
Según Narváez, “Amamantar a los bebés, ser sensibles a su llanto, tocarlos casi constantemente y el hecho de que haya muchos adultos cuidándolos son algunas de las prácticas ancestrales de crianza que han demostrado un impacto positivo en el desarrollo del cerebro, que no solo conforma la personalidad sino que también ayuda al desarrollo moral y potencia la salud física de los pequeños”. 

Estudios realizados han demostrado que atender las necesidades de los pequeños (por ejemplo, no dejándolos que lloren hasta gritar) influye en el desarrollo de la conciencia; que el contacto físico positivo afecta a la reactividad de los niños al estrés e impulsa el control y la empatía; que el juego libre en la naturaleza influye en las capacidades sociales y en la agresividad; y que un conjunto de cuidadores (aparte de la madre) predice el cociente intelectual, así como los niveles de resistencia IQ, el ego y la  empatía infantil. 

Pero la experta alerta de que, al menos en Estados Unidos, estas prácticas se están perdiendo. En la actualidad, los niños pasan mucho más tiempo en cochecitos y parques; solo el 15% de las madres amamantan a sus bebés hasta los 12 meses; y las familias extensas han desaparecido. Asimismo, el juego libre permitido por los progenitores se ha reducido drásticamente desde 1970. 
Ya sea por esta razón o por otras causas, se está produciendo una epidemia de ansiedad y depresión en niños de todas las edades, incluidos los más pequeños; han aumentado las tasas de comportamiento agresivo y delincuencia infantiles; y se ha reducido la empatía – base del comportamiento compasivo y moral - entre los estudiantes universitarios, han demostrado estudios. 

Sin embargo, según Narváez, otros parientes o profesores pueden beneficiar a los niños, si estos se sienten a salvo en presencia de ellos. Además, los déficits tempranos pueden sanarse más tarde, asegura. “La parte derecha del cerebro, que gobierna en gran parte nuestra auto-regulación, la creatividad y la empatía, puede aumentar en cualquier momento de la vida. Esta región cerebral crece con experiencias corporales –como los juegos de pelea, el baile o la creación artística independiente-. Por tanto, en cualquier momento, un progenitor puede realizar una actividad creativa con su hijo y potenciar ese desarrollo del cerebro”, asegura.
Imagen bebé: Universidad de Notre Dame

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